EDITORIAL – DÍA DEL LIBRO 23 ABRIL 2020

En un año marcado por la pandemia de COVID-19, la realidad se ha visto sacudida de manera transversal ante esta amenaza global y de duración indefinida. El trabajo y el sustento económico son preocupaciones profundas del día a día, pero también nuestra humanidad se ha visto interpelada. Al vernos forzados a cambiar las maneras de relacionarnos socialmente desde el confinamiento, la emocionalidad individual y colectiva se han convertido también en dimensiones que exigen ser atendidas con altura de miras.

En tiempos así, donde el tiempo en sí mismo se ha convertido en una sensación vital diferente, los medios de comunicación y la opinión pública nos llenan de información práctica y sugerencias de actividades que sirvan de suplemento a la rutina. ¿Cómo podemos vivir plenamente nuestra humanidad, si no podemos ir más allá de los metros cuadrados de nuestras casas? Ante la ansiedad que nos provoca la restricción de algunas libertades específicas, han aparecido incesantemente estos mantras del bienestar: haz ejercicio, cocina, lee un libro…

¡Qué maravilla son los libros, que exigen tiempo, concentración y calma! Abrir un libro implica siempre detener el tiempo. Es una invitación a salir y ser libres en otra dimensión —no la física, sino la intelectual e, incluso, espiritual—. Cada historia escrita es una apertura a otro mundo al que podemos trasladarnos con los ojos cerrados. El mundo del libro es tan vívido y real como la realidad misma que nos rodea. Permitámonos habitar esos mundos y sus tiempos alternos.

El libro no es solamente mera entretención para tardes largas, una tarea escolar o un ejercicio para no perder el sentido de la rutina; más que nunca es una herramienta que nos permite ejercer nuestra humanidad.

En el Día Internacional del Libro, nuestra agrupación CInELA —Círculo de Investigadores y Estudiosos del Libro Antiguo— reafirma su compromiso con la reflexión crítica y contemporánea sobre el valor de los libros, la cultura escrita y las prácticas lectoras. Igualmente, vislumbra que, en tiempos de encierro, el patrimonio cultural no es accesorio a la vida de las personas: es una necesidad imperante y urgente.

CInELA
Círculo de Investigadores y Estudiosos del Libro Antiguo

Publicado en Noticias, Patrimonio Bibliográfico.

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