COMPONENTES ARTÍSTICOS DEL LIBRO

Bien es sabido que el libro ha sido el instrumento de transmisión del conocimiento por excelencia desde sus orígenes –que se remontan al códex o códice en pergamino– hasta nuestros días, época de convivencia del libro físico con el digital. Tanto su materialidad como los formatos y los oficios que lo rodean han variado a lo largo de los siglos –copistas, encuadernadores, curtidores, editores, tipógrafos, impresores o trovadores son algunos de los trabajos cuyas funciones se relacionan o han relacionado con la historia del libro–, pero hay ciertos aspectos que han permanecido desde su aparición en la historia de la humanidad, al menos en formato físico.

En el marco de la naturaleza material del libro, su esencia comporta diversas  cualidades artísticas –algunas intrínsecas a la propia condición física, que va unida a la labor artesanal propia del patrimonio bibliográfico–.

A continuación, abordaremos algunos de los aspectos más elementales que nos conducen a poder hablar del objeto libro en su esencia artística, y trataremos de ir del estadio inicial de creación a su concreción material.

EL ARTE DE LA PALABRA

El primer elemento que podemos mencionar como componente artístico del libro se relaciona con su propio lenguaje como medio de expresión. El carácter verbal de la gran mayoría de los libros hace que no podamos dejar de mencionar este componente, pues la palabra es el vehículo que permite el despliegue de las ideas que contiene. El arte de la dialéctica –entendida como el arte de argumentar, debatir y razonar –, los giros del lenguaje o la expresividad del vocabulario y el uso de otras fórmulas retóricas son el hilo conductor de múltiples relatos, independientemente de su género y estilo.

La autoría y la revisión de contenidos textuales como la edición y corrección de contenidos y de estilo, entre otras, son hasta la actualidad labores habituales en el proceso de creación del libro.

Riqueza, Gabriela Mistral, s/f. Mecanografiado y manuscrito sobre papel. Colección Biblioteca Nacional. Fuente: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/623/w3-article-138674.html

DIAGRAMACIÓN O MAQUETACIÓN

El segundo rasgo común que podemos mencionar es la distribución de contenidos en el espacio. En los libros hay un estudio previo sobre cómo los componentes se despliegan en él, que obedece a una formulación jerárquica y estética en la manera de ensamblar los contenidos en sus páginas.

Ésta resulta una tarea fundamental, siendo un mecanismo que aporta e incide en el tipo de relación que el lector entabla con el texto visualmente, o que también puede repercutir en llamados a diferentes secciones dentro del mismo ejemplar.

Es habitual, por ejemplo, la creación de índices de contenidos, la inclusión de anexos, así como la distribución de contenidos en cada hoja con pies de páginas, títulos de capítulos, y numeración de las páginas, labores que han correspondido a maquetadores, diseñadores o editores.

Historia General del Perú, Ynca Garcilaso de la Vega, 1722. Libro impreso. Colección Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica

LETRAS Y TIPOGRAFÍAS

Otro elemento estilístico es la elección del tipo de letra, ya que sus variantes pueden aportar en la forma en que el libro comunica y expresa contenidos, de manera que podemos relacionar la elección de estas letras con algunos estilos artísticos –por ejemplo, la minúscula gótica o Blackletter usada en época medieval o su variante la Fraktur usada ampliamente en Alemania hasta el siglo XIX–.

La preferencia de un cierto estilo tipográfico también puede obedecer al nivel de información que se está entregando, baste señalar como ejemplo la usual elección de la letra redonda o su opuesta, la cursiva. Asimismo, las tipografías desarrolladas con caracteres móviles derivan de las letras manuscritas que eran empleadas recurrentemente antes de la creación de la imprenta por Guttenberg en 1440.

Los tipógrafos son los responsables de generar diferentes tipos de letras desde que se difunde la imprenta, sustituyendo con frecuencia la acción de calígrafos y copistas.

Catena Aurea, seu continuum in quattuor evangelistas, Santo Tomás de Aquino, ca. 1506. Libro impreso. Colección Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica

ILUSTRACIONES Y VISUALIDAD

Otro componente artístico del libro es el uso de imágenes que habitualmente sirven para acompañar y complementar el texto. Si bien en épocas primitivas como consecuencia de la analfabetización de la sociedad, el carácter visual era prioritario en los libros, no en todos los momentos las ilustraciones han gozado de una amplia repercusión en este formato. No obstante, también podemos encontrarnos con los denominados “libros de artista”, consagrados casi exclusivamente a la reproducción de imágenes.

En obras, tratados y manuales existen diferentes formas de reproducir representaciones visuales: desde sus portadas, frontispicios, letras capitulares con motivos, grabados en técnicas y formatos diversos, hasta elementos accesorios que contribuyen a decorar los ejemplares.

Los recursos gráficos en ocasiones son meramente decorativos que aportan en ornamentación pero no en contenido; sin embargo, siempre contribuyen a generar una carga estética al libro. Su función principal puede ser mnemotécnica, accesoria o puramente estética, dependiendo del momento histórico en que su producción se inscriba, aunque podemos encontrarnos ejemplares con pretensiones específicas y particulares.

Ilustradores, grabadores y diseñadores son algunos rubros que han trabajado en pro de la visualidad del libro, enriqueciéndolo con un lenguaje, al menos, visual.

Evangelicae historiae imagines… 1593. Libro impreso. Colección Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica

ARTESANÍA

El quinto elemento que podríamos destacar es la labor artesanal y de oficio ligada a la creación de estos objetos.

Desde finales del siglo XIII se datan en Italia los primeros molinos de papel donde se generaban páginas hechas a base de papel de algodón que presentan filigranas o marcas de agua y nos dan cuenta de la fábrica en que fueron realizados algunos de los papeles de libros antiguos, tanto manuscritos como impresos.

En paralelo, se hace necesario un tratamiento de curtiembre a las pieles para transformarlas en pergaminos y encuadernaciones en cuero, y éstas últimas en ocasiones se montan sobre tapas de madera y se les añaden herrajes.

Además, la propia forma de encuadernarlos, con diferentes costuras y técnicas, genera diseños y envolturas muy diversas que inciden no solamente en su presentación inicial, sino también en el grado de apertura que pueden lograr algunas obras, lo que finalmente repercute en la relación que el usuario logra con cada objeto libro.

Encuadernadores, curtidores, carpinteros, herradores y fabricantes de papel, son algunos de los trabajos habituales en torno a los cuales ha girado el libro en su formato físico.

Cantoral, 1781. Encuadernación de piel sobre madera, manuscrito iluminado sobre hojas de pergamino. Colección Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica

Hasta aquí se han enumerado ciertos elementos que podemos tildar de artísticos en los libros sin que éstos pierdan su esencia y utilidad original –a diferencia de algunas prácticas artísticas contemporáneas que transforman y subvierten su condición objetual y funcionalidad inicial–.

Ciertas elecciones, como la incidencia de la tipografía en la visualidad del ejemplar, pueden pasar más o menos desapercibidas para algunos lectores. Otros detalles como la elección de un tipo de encuadernación determinado pueden aparentar ser casuales, aunque en realidad respondan a criterios para mejorar la preservación del ejemplar, y sin duda todos los elementos que se han mencionado inciden en la forma en que el libro comunica sus contenidos.

Hay quien podría discutir si el libro como pieza objetual debe ser considerado un elemento artesanal o debiera ser calificado como pieza artística en sí mismo. En todo caso, el libro en su materialidad y carácter físico responde a una labor de trabajo conjunto, en la que diversos oficios son eslabones de una misma cadena, y para cierta parte del público, estos artefactos culturales podrían ser considerados en su concepción, fabricación, comunicación, diseño y engranaje como obra de arte total.

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