La voz polifónica de la fe: las Biblias Políglotas

Este breve ensayo está dedicado a presentar someramente una genealogía de las grandes Biblias políglotas. Una biblia políglota es un formato histórico de libro que se caracterizó por reunir múltiples traducciones de manera paralela del texto sagrado, en distintos idiomas del Cercano Oriente tales como hebreo, griego, arameo, sirio, entre otros –lenguas antiguas de las zonas geográficas donde se dieron suceso los acontecimientos fundamentales de la fe cristiana– y los compara con la versión oficial reconocida por Roma: la Vulgata, la traducción latina de la biblia hebrea y griega hecha por San Jerónimo hacia fines del siglo IV y que fue ratificada como canónica en el Concilio de Trento en el siglo XVI.

La aparición de las biblias políglotas no es exacta, pero comúnmente se remonta a la Hexapla de Origen en el siglo III, que sería el primer escrito que reuniera el Antiguo Testamento en hebreo y griego. Luego, la Edad Media dio paso a la creación de un sinnúmero de códices y manuscritos producidos por eruditos de Occidente y Oriente, que buscaron ampliar las traducciones existentes en los idiomas del cristianismo oriental.

Las políglotas no fueron biblias de uso litúrgico común, sino que fueron ediciones críticas diseñadas específicamente a una lectura filológica que disecciona las estructuras lingüísticas y las compara para detectar sus divergencias conceptuales. Estos libros se enfrentan a cierto tipo de lectores que debían estar preparados previamente en la materia: teólogos, filósofos y eruditos de la Iglesia; y demandaba de ellos un ejercicio de lectura múltiple, analítica, no lineal e interpretativa. Las políglotas fueron herramientas prácticas para disipar controversias idiomáticas y acercarse a una versión lo más fiel posible a la original de los antiguos textos sagrados, considerados fundacionales para la fe judeocristiana. Más allá, atienden al impulso devocional por reparar aquella verdad incorrupta del relato bíblico, su versión primera inspirada por la divinidad, y que se entiende fue progresivamente opacada por la distancia histórica, por la acumulación de capas de desinformación dadas por la lejanía geográfica, idiomática y cultural con los cultos cristianos orientales, y más importante, por su mancillamiento a través de los siglos ocasionado por innumerables traducciones poco correctas, poco informadas o incluso tendenciosas.

Las políglotas son testimonios del debate teológico sobre la pertinencia de la traducción, interpretación y revisión del texto sacro, donde se puso en cuestión la posible herejía oculta detrás de tales presunciones. Es así como lo que a primera vista parece una tarea netamente práctica, se convirtió en un asunto que pasó a ser delicadamente tratado desde los ojos de Roma. En ánimos de zanjar una versión oficial romana que limitara claramente la narrativa de la fe cristiana, la Iglesia Católica reconoció el valor fundacional de la Biblia Hebrea (o masorética) –considerada una de las versiones más antiguas– y la Septuaginta –la traducción griega del Viejo Testamento–; y oficializó la antes mencionada Vulgata.

Cada políglota está influenciada por revisiones predecesoras, concadenándose en un esfuerzo continuo y colectivo a través de la historia. El afán en Occidente por buscar aquel relato original fraguó especialmente en siglos venideros, y jugaría un rol sustantivo en los cismas de las iglesias cristianas y en los devenires políticos durante los siglos XVI y XVII.

Leer más

EDITORIAL – DÍA DEL LIBRO 23 ABRIL 2020

En un año marcado por la pandemia de COVID-19, la realidad se ha visto sacudida de manera transversal ante esta amenaza global y de duración indefinida. El trabajo y el sustento económico son preocupaciones profundas del día a día, pero también nuestra humanidad se ha visto interpelada. Al vernos forzados a cambiar las maneras de relacionarnos socialmente desde el confinamiento, la emocionalidad individual y colectiva se han convertido también en dimensiones que exigen ser atendidas con altura de miras.

En tiempos así, donde el tiempo en sí mismo se ha convertido en una sensación vital diferente, los medios de comunicación y la opinión pública nos llenan de información práctica y sugerencias de actividades que sirvan de suplemento a la rutina. ¿Cómo podemos vivir plenamente nuestra humanidad, si no podemos ir más allá de los metros cuadrados de nuestras casas? Ante la ansiedad que nos provoca la restricción de algunas libertades específicas, han aparecido incesantemente estos mantras del bienestar: haz ejercicio, cocina, lee un libro…

¡Qué maravilla son los libros, que exigen tiempo, concentración y calma! Abrir un libro implica siempre detener el tiempo. Es una invitación a salir y ser libres en otra dimensión —no la física, sino la intelectual e, incluso, espiritual—. Cada historia escrita es una apertura a otro mundo al que podemos trasladarnos con los ojos cerrados. El mundo del libro es tan vívido y real como la realidad misma que nos rodea. Permitámonos habitar esos mundos y sus tiempos alternos.

El libro no es solamente mera entretención para tardes largas, una tarea escolar o un ejercicio para no perder el sentido de la rutina; más que nunca es una herramienta que nos permite ejercer nuestra humanidad.

En el Día Internacional del Libro, nuestra agrupación CInELA —Círculo de Investigadores y Estudiosos del Libro Antiguo— reafirma su compromiso con la reflexión crítica y contemporánea sobre el valor de los libros, la cultura escrita y las prácticas lectoras. Igualmente, vislumbra que, en tiempos de encierro, el patrimonio cultural no es accesorio a la vida de las personas: es una necesidad imperante y urgente.

CInELA
Círculo de Investigadores y Estudiosos del Libro Antiguo