Convocatoria II Jornadas sobre el libro antiguo CInELA 2021

 

II JORNADAS SOBRE EL LIBRO ANTIGUO: “VISUALIDADES Y MATERIALIDADES”

DEL MIÉRCOLES 26 AL VIERNES 28 DE MAYO DE 2021 | SANTIAGO, CHILE

Convocatoria a participar de las II Jornadas sobre el Libro Antiguo “Visualidades y Materialidades”

CInELA surge como un grupo heterogéneo de investigadoras e investigadores que tienen un interés común por el estudio de la bibliografía y las fuentes documentales escritas (y eventualmente también visuales) que forman parte de la cultura material de una comunidad, con independencia del soporte que sustenta esa palabra escrita. Ese universo documental y bibliográfico habitualmente suele estar custodiados en bibliotecas, archivos y museos debido a que las comunidades que los albergan, a través del tiempo han reconocido un valor patrimonial en esos elementos. La noción de esta tipología patrimonial apunta a desmarcarse de las concepciones de la historia remota y reciente basada en criterios europeos, con la aspiración de apreciar la singularidad de casos posibles situados en nuestra región latinoamericana y especialmente chilena.

Respondiendo a las inquietudes que impulsan la articulación de CInELA, esta jornada es una invitación abierta a conocer las indagaciones de investigadores y estudiosos abocados a la interpretación histórica, artística, crítica o científica del patrimonio documental y bibliográfico: académicos, anticuarios, artífices, artistas, coleccionistas, conservadores y restauradores, estudiantes de pre y postgrado, investigadores independientes y estudiosos afines.

Tras la primera versión de las Jornadas sobre el Libro Antiguo realizada en 2018, cuya temática estuvo centrada en los ejes “objetos, hacedores y colecciones”, en esta segunda jornada se pondrá énfasis en trabajos que reflexionen sobre los aspectos materiales y visuales del patrimonio bibliográfico en su sentido más amplio, pretendiendo resaltar los diferentes planos en que las facetas estéticas y objetuales de libros y documentos, cobran importancia para la investigación y el estudio. Los temas que se esperan desarrollar durante las jornadas van desde la creación artesanal y el trabajo mecánico vinculados a la producción libresca y el estudio de los materiales que componen estos objetos bibliográficos; a la definición y clasificación de los elementos que podríamos calificar de visuales en este patrimonio cultural, considerando las huellas y cambios que los lectores incorporan en los libros, así como también anotaciones, actos de censura o desgastes; todos ellos, elementos que nos acercan al entendimiento de los libros y documentos como objetos culturales heterogéneos.

A partir de lo expuesto con anterioridad, se proponen inicialmente algunos ejes temáticos para participar en la‌ ‌convocatoria.

Ejes temáticos de la convocatoria:

  1. Lo artístico en el patrimonio documental y bibliográfico

Perspectivas sobre lo que se puede considerar “arte” o “artístico” en el patrimonio documental y bibliográfico, tanto en su materialidad como en su cualidad de objeto cultural. En este eje se insertan las investigaciones relacionadas con las prácticas artísticas en el libro; el libro como obra de arte; la imagen y la visualidad en los libros y documentos; el patrimonio documental y bibliográfico comprendido más allá de la suma de sus partes; así como otros temas afines.

  1. Libros presentes / ausentes (intermedialidad)

El libro como objeto capaz de crear visualidad, imaginarios, mitos, narraciones, experiencias y nuevos saberes, más allá de su propia materialidad; libros que perviven después de su desaparición o destrucción. En este eje se incluyen las investigaciones relacionadas con las representaciones de libros, bibliotecas y espacios lectores; la destrucción o pérdida de material bibliográfico; la censura documental y bibliográfica, libros imaginarios e imaginación en los libros; entre otros temas afines.

  1. Bibliotecas y archivos, espejos de mundo

La biblioteca y los archivos como espacios que representan a su lector y comunidades, a su(s) coleccionista(s) y las visiones del mundo que se reflejan en los escritos que coleccionan. En este eje se incluyen las investigaciones relacionadas con colecciones, bibliotecas, archivos y representaciones; el orden y clasificación de los libros y documentos; la biblioteca y el archivo en su relación con la comunidad; la identidad; la biblioteca y el archivo como espacios arquitectónicos y simbólicos; y otros temas afines.

  1. Materialidades, materiales, prácticas y haceres

La materia produce visualidad, el libro y el documento “narran” a través de sus componentes y hablan sobre sus procesos de producción. En este eje se incluyen investigaciones relacionadas con la artesanía del libro, los usos y prácticas lectoras, los procesos de fabricación y manufactura del material bibliográfico y documental; la protección y restauración del patrimonio documental y bibliográfico; entre  otras posibilidades de pesquisa.

 

Participación

Para participar de esta segunda jornada se debe enviar un resumen de la propuesta (máx. 300 palabras) indicando título y eje temático al cual desea participar. Asimismo, el documento deberá contener el nombre del autor, adscripción institucional (si la tiene; no se considerará requisito excluyente) y correo electrónico. Se podrá participar con un único trabajo, el que deberá ser enviado por mail a: contacto@cinela.cl

 

El plazo máximo para el envío de los resúmenes será el 28 de diciembre a las 23:59 hrs.

El comité organizador comunicará las ponencias aceptadas el 29 de enero.

 

FECHAS IMPORTANTES

Fecha inicio de la convocatoria: 2 de octubre de 2020
Fecha límite de recepción de resúmenes: 28 de diciembre de 2020
Entrega de resultados: 29 de enero de 2021
Entrega de ponencia final: 1 de marzo de 2021
Publicación de programa: 1 de abril de 2021

 

Descarga la convocatoria 2021

Desde la librería jesuita a la Biblioteca Nacional de Chile

La Compañía de Jesús fue expulsada de los territorios bajo dominio español el 26 de agosto de 1767. Esto significó un proceso de expropiación de todos los bienes de la orden religiosa, tanto muebles como inmuebles. Entre todos estos, destacaba la librería jesuita de Santiago, catalogada por distintos autores como la más grande de la provincia chilena, y uno de los bienes jesuitas con una de las historias más interesantes.

Real Decreto de Extrañamiento de la Compañía de Jesús, 1767 (Archivo Nacional Histórica de Chile, Fondo Jesuitas de Chile, Vol 7, f. 23-23v)


Desde la Real Junta de Temporalidades, institución a cargo de la expropiación jesuita, se ordenó que la librería debía ser inventariada completamente, para luego cerrarla y prohibir su uso. Esto significó la pérdida de un importante espacio de conocimiento, pero también supuso problemas prácticos, pues los jesuitas no eran los únicos que utilizaban su librería. Desde mediados del siglo XVIII, la Real Universidad de San Felipe utilizaba este espacio para suplir la falta de libros de su institución, por lo que el cierre de esta significó una desvantaja importante para la universidad, lo que es visible en el oficio enviado por su rector al Conde de Aranda, ministro a cargo de la Junta de Temporalidades:

“Con fecha de 2 de septiembre de 1769. me dirigió el D[octo]r D[o]n Manuel Joseph de Salamanca, Rector de la Real Universidad de S[a]n Phelipe de esa ciudad, en nombre de su claustro vna representaz[io]n solicitando se le concediese la librería que poseieron los Regulares de la Compañía en el Colegio Maximo de S[a]n Miguel de esa misma ciudad, en consideración a la necesidad que tenia de ella, y a los ningunos fondos de la Universidad para impender su costo; (…), y que los cinco mil pesos de renta annual asignados a la [mis]ma Universidad, se consumen en el honorario de cathedraticos , secretario, y vn Bedel, sin quedar residuo alguno…(Archivo Nacional Histórico de Chile, Fondo Jesuitas de Chile, Volumen 63, fojas 52 – 52v.)

«Inventario de los Libros encontrados en el Colegio Máximo» (Archivo Nacional Histórica de Chile, Fondo Jesuitas de Chile, Vol 7, f. 295, 296)


En los próximos años serían enviados otros oficios como este, lo que en 1771 consiguió que la Junta permitiera que la universidad se anexara la librería jesuita. Aún así, se instauraron importantes restricciones a esto, siendo las principales que no se podría traspasar ningún libro de teología, ni tampoco ningún texto manuscrito:

“Dixeron que [heran] de Dictamen que de la libreria ocupada en esta Ciudad a d[ic]hos regulares después de Separados los libros Morales y theologicos que contengan doctrinas Laxsas y peligrosas a las costumbres quietud y subordinasion de los pueblos, los restantes se aplicasen al Seminario Consiliár de esta Ciudad que se halla a cargo del Ill[ustrisi]mo. S[eño]r Ob[is]po Della, y q[ue] su SS[eñori]a Ill[ustrisi]ma destinase personas de su Zatisfacz[io]n que practicasen la separasíon de d[ic]hos Libros y que para q[ue] tubiese efecto lo aquí contenído se remitiese este expediente a la real Junta Superior de d[ic]has temporalidades de la Ciudad de Santiago para q[ue] ensu Vista determine lo que fuere de su arbitrio quedando testimonio de esta Províd[enci]a para lo q[ue] conbenga así lo proveyeron y firmaron d[ic]hos señores de que doy fee…” (Archivo Nacional Histórico de Chile, Fondo Jesuitas de Chile, Volumen 9, foja 202v.)

Tras esto, la librería jesuita no tendría mayores cambios hasta 1813. Durante el gobierno de José Miguel Carrera, en pleno proceso independentista, Francisco Antonio Pérez, Agustín Manuel Eyzaguirre y Juan Egaña diseñarían la idea de la Biblioteca Nacional, para lo que usarían como base la librería jesuita, que había permanecido cerrada desde 1808, cuando el inicio del proceso independentista significó la clausura de la Universidad de San Felipe. De esta forma, para el grupo de Egaña se veía como una gran fuente de libros para inaugurar su biblioteca, y al mismo tiempo significaba heredar el peso simbólico que la librería jesuita poseía desde su origen.

De esta manera, la Biblioteca Nacional se fundaba con una base simbólica importante, pues heredaba el valor representativo de la biblioteca de la primera Universidad Real en Chile, así como la de la mejor librería de la colonia, la jesuita. Al mismo tiempo, la importancia que la Compañía de Jesús tenía en el ámbito educativo colonial se veía representado en sus libros, y de esta forma la Biblioteca Nacional se convertía en el nuevo repositorio de este conocimiento. 

Ahora bien, esto no pasaba de ser un rasgo simbólico, pues de la librería original poco quedaba (especialmente luego de la castración sufrida en su traspaso a la Universidad de San Felipe). Además, la colección de la biblioteca fue creada, en gran parte, gracias a aportes personales, entre los que destacaban los del mismo Juan Egaña que donaría 52 libros, por lo que la librería jesuita era sólo una pequeña parte de ésta. Aún así, gracias a ella, la Biblioteca Nacional lograba presentarse al público como un nuevo espacio de saber republicano, pero heredero de una tradición educativa reconocida por todos, la jesuita.

Para saber más al respecto, pueden revisar:

  • Barros Arana, Diego. Riqueza de los Antiguos Jesuitas de Chile. Santiago de Chile: Ediciones Ercilla, 1932. Impreso. 
  • Collier, Simon. ideas y política de la independencia chilena 1808-1833. San- tiago de Chile: Fondo de Cultura Económica, 2012. Impreso. 
  • Cruz de Amenábar, Isabel. “La Cultura Escrita en Chile 1650-1820. Libros y Bibliotecas”. Historia. Vol. 24. 1989. 107 – 213. Impreso. 
  • Enrich, Francisco. Historia de la Compañía de Jesús en Chile, Tomo ii. Bar- celona: Imprenta de Francisco Rosal, 1891. Impreso. 
  • Hanisch Espíndola, Walter. “En torno a la Filosofía en Chile”. Historia. Vol. 2. 1962-1963. 7 – 117. Impreso. 
  • Martínez Baeza, Sergio. El Libro en Chile. Santiago de Chile: Biblioteca Nacional, 1982. Impreso. 
  • Medina, José Toribio. Historia de la Real Universidad de San Felipe de San- tiago de Chile. Santiago de Chile: Soc. Imp. y Lit. Universo, 1928. Impreso.

Podcast CInELA

Hola amigos y amigas! Les queremos presentar nuestro primer capítulo de este nuevo podcast. Nos reunimos (por Zoom) a hablar sobre libros, enfermedades, pestes y virus, de lo que salió una conversación muy interesante y entretenida.

Junto a eso, les comentamos que aún no tenemos un nombre, pero logramos hacer una selección de 4, así que queremos pedirles ayuda, y que voten por el que más les guste. Entre todos los que participen sortearemos la posibilidad de elegir un tema para el podcast!.

Nombres:

  1. Leer al revés
  2. Bibliolauchas
  3. Biblioratas
  4. Motorratones del libro

Para participar deben ingresar a nuestro Instagram (@cinelacl) y votar en las historias. Terminaremos la votación el 20 de julio

Eso. Escuchen. Compartan. Voten!

 

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La voz polifónica de la fe: las Biblias Políglotas

Este breve ensayo está dedicado a presentar someramente una genealogía de las grandes Biblias políglotas. Una biblia políglota es un formato histórico de libro que se caracterizó por reunir múltiples traducciones de manera paralela del texto sagrado, en distintos idiomas del Cercano Oriente tales como hebreo, griego, arameo, sirio, entre otros –lenguas antiguas de las zonas geográficas donde se dieron suceso los acontecimientos fundamentales de la fe cristiana– y los compara con la versión oficial reconocida por Roma: la Vulgata, la traducción latina de la biblia hebrea y griega hecha por San Jerónimo hacia fines del siglo IV y que fue ratificada como canónica en el Concilio de Trento en el siglo XVI.

La aparición de las biblias políglotas no es exacta, pero comúnmente se remonta a la Hexapla de Origen en el siglo III, que sería el primer escrito que reuniera el Antiguo Testamento en hebreo y griego. Luego, la Edad Media dio paso a la creación de un sinnúmero de códices y manuscritos producidos por eruditos de Occidente y Oriente, que buscaron ampliar las traducciones existentes en los idiomas del cristianismo oriental.

Las políglotas no fueron biblias de uso litúrgico común, sino que fueron ediciones críticas diseñadas específicamente a una lectura filológica que disecciona las estructuras lingüísticas y las compara para detectar sus divergencias conceptuales. Estos libros se enfrentan a cierto tipo de lectores que debían estar preparados previamente en la materia: teólogos, filósofos y eruditos de la Iglesia; y demandaba de ellos un ejercicio de lectura múltiple, analítica, no lineal e interpretativa. Las políglotas fueron herramientas prácticas para disipar controversias idiomáticas y acercarse a una versión lo más fiel posible a la original de los antiguos textos sagrados, considerados fundacionales para la fe judeocristiana. Más allá, atienden al impulso devocional por reparar aquella verdad incorrupta del relato bíblico, su versión primera inspirada por la divinidad, y que se entiende fue progresivamente opacada por la distancia histórica, por la acumulación de capas de desinformación dadas por la lejanía geográfica, idiomática y cultural con los cultos cristianos orientales, y más importante, por su mancillamiento a través de los siglos ocasionado por innumerables traducciones poco correctas, poco informadas o incluso tendenciosas.

Las políglotas son testimonios del debate teológico sobre la pertinencia de la traducción, interpretación y revisión del texto sacro, donde se puso en cuestión la posible herejía oculta detrás de tales presunciones. Es así como lo que a primera vista parece una tarea netamente práctica, se convirtió en un asunto que pasó a ser delicadamente tratado desde los ojos de Roma. En ánimos de zanjar una versión oficial romana que limitara claramente la narrativa de la fe cristiana, la Iglesia Católica reconoció el valor fundacional de la Biblia Hebrea (o masorética) –considerada una de las versiones más antiguas– y la Septuaginta –la traducción griega del Viejo Testamento–; y oficializó la antes mencionada Vulgata.

Cada políglota está influenciada por revisiones predecesoras, concadenándose en un esfuerzo continuo y colectivo a través de la historia. El afán en Occidente por buscar aquel relato original fraguó especialmente en siglos venideros, y jugaría un rol sustantivo en los cismas de las iglesias cristianas y en los devenires políticos durante los siglos XVI y XVII.

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Los Ex libris: Propiedad y permanencia

Podría decirse que desde sus orígenes la cultura escrita ha estado siempre ligada a la necesidad de dejar registro de aquello considerado importante, incluso trascendental para la organización humana. Desde los primeros papiros que mostraban las cifras de producción de grano y su equivalente en otras riquezas, pasando por los nutridos registros imperiales y republicanos de Roma, así como también por los deslumbrantes manuscritos del medioevo, la palabra escrita se acomodaba entre aquellos conceptos traducidos a objetos  de mayor necesidad de atesorar, no solo por sus contenidos, sino también por la rica cultura material que se generó en torno a su creación y salvaguarda.

Pero más allá de las piezas en sí mismas, y como el ego del ser humano poco puede hacer para disimularse, aquellas personas que podían darse el lujo de relacionarse con estos antiguos objetos, de ser sus custodios y recorrer sus páginas con devoción, sintieron la necesidad imperiosa de registro de su labor, muchas veces marcada por un estilo de vida de entrega, estudio y reflexión. Es así como alrededor del año 1480 en la pequeña aldea alemana de Biberach un monje entregado al estudio se dio a una tarea muy particular. En el texto “La curiosa historia de los Ex libris” escrito por Eduardo Santa en el año 1983[1], se caracteriza al hermano Hildebrando de Brandeburgo como un buen religioso de esos lejanos años, abstemio de toda posesión material que fuera percibida como vanidosa pero aun así, poseedor de un grupo de objetos a los cuales no podía ser indiferente y había coleccionado con tesón a lo largo de su vida, su bellísima colección de manuscritos, libros y códices iluminados. Tal era su dedicación al tema, que se dio a memorizar cada libro de su biblioteca, que resultó ser la mejor aperada de su región. Sin embargo al monje lo rondana un contante pesar ¿Qué sería de estos amados objetos una vez que la muerte viniera a buscarlo?

Después de mucha reflexión, relata el mismo académico Eduardo Santa[2], el monje Hildebrando llegó a una triunfal solución, los manuscritos serían donados a la biblioteca de la orden de San Bruno, ofrecimiento que fue recibido positivamente por el Prior responsable. Parecía entonces que sus preocupaciones llegarían a su fin a medida que el monje presentía el final de su camino en este mundo, sin embargo mientras preparaba sus valiosos escritos para ser trasladados, una idea fulminó su mente ¿Cómo sabrían los futuros cuidadores de tan valioso tesoro a quien agradecer por tenerlo en sus manos? ¿Acaso sería de extrema vanidad desear el crédito de una labor que le había tomado  toda su vida? El religioso se decidió entonces a emular a aquellos artistas iluminadores de sus manuscritos, y pacientemente confeccionó en finos papeles el escudo heráldico de su familia, el cual pegó cuidadosamente en los preciados objetos. El trabajo estaba hecho y modestamente el hermano Hildebrando se sintió parte de todos esos autores clásicos y artistas involucrados en la creación de su fina colección, teniendo por fin su cuota de reconocimiento como dueño trascendente de las preciadas piezas.

La creación del monje de Brandeburgo, si bien existen antecedentes anteriores, no tardó en ser tomada como referencia para la proliferación de esta práctica, la cual paso a ser conocida como Ex libris, expresión en latín que significa entre los libros de, una marca inamovible de propiedad, pero también expresión de la gran pasión que estos coleccionistas profesaban a su ocupación, lo que hoy reconoceríamos como destacados bibliófilos. Puede verse entonces que la iniciativa fue adoptada por señores nobles y miembros de la realeza, el alto clero y más tardíamente por burgueses, los cuales tuvieron la fortuna de ser testigos del nacimiento de la imprenta y un inédito acceso al material escrito, como nunca antes en la historia humana.

Así como la imprenta cambió la producción de libros hacia un futuro globalizado, la práctica del uso del Ex libris se valió de la misma tecnología para extenderse a variadas capas de la sociedad a medida que su moda proliferaba desde Europa hasta Asia. Nuevamente citando el texto del profesor  Santa[3], hay que destacar que artistas de la talla de Leonardo da Vinci, Alberto Durero y Miguel Ángel produjeron estas marcas de propiedad para los altos señores del renacimiento, así como también siglos más tarde, nuevos artistas se armaron de diseños destinados a hombres de negocios, mercaderes, científicos, artistas y escritores, otras variadas ocupaciones, niños e incluso mujeres. Los Ex libris se mostrarían como un auténtico género artístico, que en su reducido formato eran capaces de integrar motivos simbólicos, alegóricos y estilísticos según la época en la que fueron producidos y las personas que hicieron uso de ellos. Algunos con tintes irónicos y siniestros, otros compuestos de estilizados anagramas, otros adornados con románticas volutas, pueden ser hoy clasificados por asiduos coleccionistas, y agregan un valor especial a los libros que los esconden.

Hoy pareciera que los Ex libris yacen como una práctica olvidada, quizás víctima de la naturaleza modesta de su misión oculta por la cubierta de un libro, sin embargo su particular belleza, no solo se da por su factura, si no por su singular conexión con los testimonio personales de sus dueños y como estos hicieron de sus preciados escritos parte intima de su vida. Desde un concernido monje alemán del siglo XIII, pasando por ser símbolos de estatus al servicio de poderosos señores regentes, hasta las manos de un niño victoriano, los Ex libris se perfilan como pocas creaciones artísticas pueden hacerlo, en un perfecto balance entre su belleza y el práctico y simbólico motivo de su existencia.

¿Será que es tiempo de volver a esconder en las contratapas  de nuestros libros esas marcas íntimas de individualidad?

Texto basado en el Articulo “La curiosa historia de los Ex libris” del académico Colombiano Eduardo Santa, Boletín Cultural y Bibliográfico, ISSN 0006-6184, Vol. 20, Nº. 2, 1983, págs. 137-142.

[1] Santa, E., 1883. La curiosa historia de los Ex libris. Boletín Cultural y Bibliográfico, [online] (Vol. 20, Nº. 2), pp.137-142. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5459956 [20 Abril 2020].

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

EDITORIAL – DÍA DEL LIBRO 23 ABRIL 2020

En un año marcado por la pandemia de COVID-19, la realidad se ha visto sacudida de manera transversal ante esta amenaza global y de duración indefinida. El trabajo y el sustento económico son preocupaciones profundas del día a día, pero también nuestra humanidad se ha visto interpelada. Al vernos forzados a cambiar las maneras de relacionarnos socialmente desde el confinamiento, la emocionalidad individual y colectiva se han convertido también en dimensiones que exigen ser atendidas con altura de miras.

En tiempos así, donde el tiempo en sí mismo se ha convertido en una sensación vital diferente, los medios de comunicación y la opinión pública nos llenan de información práctica y sugerencias de actividades que sirvan de suplemento a la rutina. ¿Cómo podemos vivir plenamente nuestra humanidad, si no podemos ir más allá de los metros cuadrados de nuestras casas? Ante la ansiedad que nos provoca la restricción de algunas libertades específicas, han aparecido incesantemente estos mantras del bienestar: haz ejercicio, cocina, lee un libro…

¡Qué maravilla son los libros, que exigen tiempo, concentración y calma! Abrir un libro implica siempre detener el tiempo. Es una invitación a salir y ser libres en otra dimensión —no la física, sino la intelectual e, incluso, espiritual—. Cada historia escrita es una apertura a otro mundo al que podemos trasladarnos con los ojos cerrados. El mundo del libro es tan vívido y real como la realidad misma que nos rodea. Permitámonos habitar esos mundos y sus tiempos alternos.

El libro no es solamente mera entretención para tardes largas, una tarea escolar o un ejercicio para no perder el sentido de la rutina; más que nunca es una herramienta que nos permite ejercer nuestra humanidad.

En el Día Internacional del Libro, nuestra agrupación CInELA —Círculo de Investigadores y Estudiosos del Libro Antiguo— reafirma su compromiso con la reflexión crítica y contemporánea sobre el valor de los libros, la cultura escrita y las prácticas lectoras. Igualmente, vislumbra que, en tiempos de encierro, el patrimonio cultural no es accesorio a la vida de las personas: es una necesidad imperante y urgente.

CInELA
Círculo de Investigadores y Estudiosos del Libro Antiguo

Taller de Paleografía Siglo XVI Online

El sábado 11 de abril a las 22 hrs. de Santiago de Chile (21 hrs. de Perú) el Grupo de Investigaciones de Estudios Coloniales de la UNMSM realizará un taller de paleografía online en su página de Facebook.

Les dejamos los detalles y un link para que puedan participar!

«Taller de Paleografía Siglo XVI Online!»

Día y Hora: Sábado 11 de abril/ 09:00 p.m. (hora peruana).
💰 Costo: No tiene.
🎥 Transmisión vía facebook (El link se creará con el inicio de la transmisión).
📋 No requiere inscripción previa.

El taller forma parte de las actividades del Grupo de Investigaciones de Estudios Coloniales de la UNMSM en el marco de cooperación a la ciudadanía en el periodo de inmovilización social que se vive a nivel internacional.
Busca crear un espacio de práctica y seguimiento a la lectura de manuscritos coloniales de diferente tipología en el espacio hispanoamericano.

Link: https://www.facebook.com/GIEC.UNMSM